


El haber elegido un título interrogativo tiene que ver con la mirada que me dejó este viaje no sólo con respecto a México sino a mi propio país. Una mirada de muchos interrogantes y de hipótesis que, sin duda, seguirán guiando mi estudio y, ojalá, nuevos viajes por ese gran vaso comunicante americano.
Trataré de hacer un desarrollo parcial no sólo por el límite de tiempo sino por mis limitaciones en cuanto a conocimientos específicos en antropología, historia, etc. (Uds tienen la suerte de contar con un excelente equipo interdisciplinario que pueden orientarlos en sus búsquedas).
1. Pre- viaje: lo simbolizo con mis dos elementos básicos: mapa y cuaderno para ir acopiando datos que vayan anticipándome algunas características de lo que me apresto a conocer. ELECCIÓN (siempre se renuncia a algo).
2. Comienzo del viaje: ¿qué llevo de equipaje? Enseguida se busca reunir las cosas materiales necesarias: ropa, calzado, dinero, medicamentos, documentación, direcciones. Por nombrar lo básico. También, si vamos hacia algo menos “visible” desde lo material, los prejuicios que fuimos incorporando en ese acopio de información de diversas fuentes. Por ejemplo, todos los conocidos que ya fueron quieren “ahorrarnos tiempo” e intentan armarnos itinerario diciéndonos lo que es feo, bonito, seguro, imprescindible...Las agencias de viaje aportan lo suyo y los textos bibliográficos cierran la mochila que se anexa a la valija propia. Pero...todavía hay algo menos “visible” y son nuestras representaciones que conforman una determinada cosmovisión y una determinada antropovisión. Es decir, una manera particular de interpretar lo propio y ajeno; una manera de entendernos “yo” con respecto a un “otro”. Esa manera que se va construyendo en el proceso designado por los antropólogos ENDOCULTURACIÓN (que da como resultado el ETNOCENTRISMO) y por los sociólogos SOCIALIZACIÓN PRIMARIA. Algo que “visibilizamos” tan poco y, sin embargo, produce permanentes pensamientos y acciones ya que conforma nada más ni nada menos que nuestra identidad. Hay una manera de conscientizarlo (gran papel en ello de la educación formal y hoy también de los medios como socializadores secundarios). ¿Cómo se conscientiza no sólo para darnos cuenta sino para revisar nuestras lecturas – y escrituras – nada más ni nada menos que de la existencia misma? Sólo con preguntas, pero, ¿cualquiera ayuda? En general escuchamos y decimos:
- ¿Quién soy? (en lo personal) o - ¿cuál es nuestra identidad nacional? (en lo colectivo)
Para contestarlas se desarrollaron lo que Martínez Sarasola llama en su libro “Nuestros paisanos los indios” mitos históricos: “la Argentina es un país sin identidad”, “somos europeos”, etc. que perduran fuertemente pese a ser rápidamente desmentidos por la propia historia.
Viajar a México me enfrentaba, justamente, con uno de esos mitos. El que más había calado en mi “orgullo argentino” inculcado por abuela materna nacida en La Plata y padre del interior – es decir, con menos herencia europea del grueso de mis contemporáneos -. Ese mito lo implantó un escritor mexicano: Carlos Fuentes que dijo:
“Los peruanos vienen de los incas,
los mexicanos de los aztecas
y los argentinos de los barcos”.
Aclaro que mi herencia europea no es tan consistente porque ese mito tiene enorme fuerza aun hoy porque fue recibido con mucho beneplácito por aquéllos que devienen de esa idea de que “venimos de los europeos” y también porque la generación de intelectuales y políticos del 80 “matrizaron” la educación con el lema sarmientino “Civilización o barbarie” donde los civilizados eran los extranjeros y los bárbaros los nativos. Paradojal. La palabra bárbaro nació para designar al extranjero.
Hoy, después de tantas nuevas colonizaciones aceptadas y promovidas por los que se siguen creyendo “civilizados” – desde ese lugar que le adjudica el mito – todavía se hace más penoso esto de las matrices implantadas en nuestro pensamiento porque ya somos nosotros mismos los que nos creemos “bárbaros” y “desaparecemos” palabras de nuestro idioma (que no es lo mismo que tomar palabras que puedan enriquecer las nuestras) y negamos nuestras celebraciones tomando otras que, a su vez, las convertimos en excusa para el descontrol y la violencia.
Y fue, después del viaje a México, que entendí cuál es la pregunta que deberíamos hacernos si queremos saber quiénes somos. ¿Por qué somos así? Es la reflexión sobre la causa la que nos llevará a entender nuestra cosmovisión y antropovisión y, desde allí, reconocer lo que en México pareciera que se ha ido entendiendo desde lo cultural (no me parece que desde lo político y menos desde lo económico): el gran mestizaje, la multiculturalidad.
En Oxaca y en Chiapas, de gran presencia indígena se escucha hablar la lengua materna y, después de la irrupción del movimiento liderado por el Sub Comandante Marcos, se enseña en las escuelas poniendo al español como segunda lengua así como se permite concurrir con su vestimenta tradicional.
Vuelvo a repetir, no ví esa misma integración en lo político ni en lo económico donde persisten las grandes diferencias (tienen que pasar años para que una verdadera multiculturalidad permita posicionar a los indígenas en lugares de poder y de decisión sobre proyectos económicos horizontales).
Esto es lo más actual pero, mucho antes, otro instrumento importante para alcanzar esa visión de inclusión cultural fue la creación de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) a cargo de Justo Sierra que comprende, a finales del Siglo XIX (por circunstancias históricas sumamente interesantes pero imposible de desarrollar aquí) que México había perdido su filiación histórica y que requería volver a plantearla ya que “ni la religión ni la ciencia ni la utopía sino la propia historia es la que posee un sentido y una dirección” (me permito abrir un paréntesis para dejarles esta pregunta – nada ingenua, lo confieso - ¿será por eso la necesidad que tuvieron para “cooptarnos” de declarar el fin de la historia abriéndonos a este período de enajenación humana?)
Él funda la universidad y, en clara oposición al positivismo – instrumento de la dictadura porfirista – cambia el lema “orden y progreso” por el de “por mi raza hablará el espíritu”.
Y será uno de sus discípulos José Vasconcelos que creará la educación moderna de México con un gran movimiento de intelectuales (filósofos, artistas, científicos, maestros, arquitectos) que se inclinarán hacia el pueblo para descubrirlo y convertirlo en su elemento superior.
Surgen las artes populares de su largo ocultamiento: música, danza, plástica.
La ciencia sí, la razón siempre pero como instrumentos al servicio del pueblo.
Con respecto a ese lugar oscuro, rezagado, ese que tanto conocemos en nuestro país, leo en una revista mexicana fechada en 1981 y citada por Guillermo Magrassi en su libro “Cultura y civilización desde Sudamérica” hay dos términos que me parecen muy gráficos refiriéndose a esa negación de la existencia actual y dentro de las ciudades de indígenas (los estudiamos y hablamos de ellos como de culturas que existieron allá lejos y hace tiempo): “estructuralmente invisible o víctima de segregación de facto”.
El otro ejemplo que quiero compartir proviene de una visita que realicé a la UNAM (entre paréntesis, una verdadera ciudad con micros para desplazarse, con agentes de tránsito, negocios, librería, edificio de diez pisos para la Biblioteca Central que dice en un cartel: “A los visitantes: ayúdennos a cuidar nuestro patrimonio”). La estación del subte donde debo bajar es, precisamente la que se denomina Universidad y en la salida tiene un mural “La Universidad en el umbral del S XXI” con una superficie de 55 mts cuadrados realizado en el año 1989 por Arturo García Bustos en acrílico sobre yute. Trabajo auspiciado por el propio Metro y la UNAM.
Allí, hacia la izquierda, se encuentran la cultura indígena nombrada como la primera universidad y luego Sor Juana Inés de la Cruz, Fray Bmé de las Casas, Góngora, los líderes políticos de la Revolución e importante espacio al marxismo, la iglesia, Rivera y Kahlo...y hacia la derecha la ciencia y el futuro representado por investigadores fundamentalmente.
Esto se reafirma en el cubo que se encarama en lo alto del edificio de la Biblioteca y se convirtió en logo de la institución donde nuevamente se ve la inclusión de los diferentes tipos de conocimiento en ese ámbito académico.
Lo dejo planteado para que, buscando Uds lo que corresponde a nuestro contexto – hay un trabajo importante que se hizo hace unos años sobre el origen de esta universidad para el que le interese profundizar esto – puedan pensar esa pregunta del por qué de nuestra identidad para profundizarla, complejizarla, iniciar nuevas preguntas o construir otras hipótesis.
Vuelvo, entonces a la pregunta inicial y a ese eje organizador y ahora sí con el apoyo de
algunas imágenes:
Me interesa señalar dos cosas:
1. cómo los mexicas (aztecas), pueblo nómade que llega como “bárbaro” se convierte en la imagen más legitimada durante mucho tiempo (hoy para los turistas es es el símbolo mismo de México ya que el mismo país toma su nombre. No ha pasado esto en otro país americano) cuando fueron los olmecas los verdaderos fundadores de la cultura mesoamericana y cuando se han descubierto en Oxaca fabulosas obras de zapotecas y mixtecas (Mte. Albán está ya considerado un importante hito turístico) que, como diría nuestro guía – oxapeño muy orgulloso de su origen – rompió esa fuerte relación de México sólo con aztecas y mayas. (Me hace acordar mucho de nuestra otra matriz: “unitarios y federales” – “Buenos Aires y el interior”).
2. Cómo en ese zócalo (plaza central) por la que pasan miles de turistas, oficinistas, artesanos; con mercado, con quioscos donde se come de todo, ese monumento así como el resto de edificios, murales, etc. no tienen leyendas, no tiene huellas de chapas arrancadas, no hay basura rodeándolos. Y evidentemente no es porque allí no haya jóvenes que no deseen expresarse con esa escritura urbana actual sino porque tienen incorporado que “no debe dañarse el patrimonio colectivo” y digo porque llegué a esa conclusión: estando en el estado de Tabasco (donde se encuentra uno de los sitios arqueológicos mayas más importantes: Palenque) leo en un diario local del 10 de mayo “el graffiti es una especie de tatuaje social o piel ambulante del reclamo, es, en varias zonas, una muestra de arte y rebeldía de jóvenes que de modo subliminal reclaman espacios en la sociedad. Los artistas de la calle en D.F. quieren espacios para no ser vistos como vándalos o delincuentes.” Ver foto al inicio
También acá dejo que Uds hagan las comparaciones que deseen con respecto al estado de nuestros edificios, estatuas, murales, y nuestros usos de los espacios públicos.
Plaza de las tres culturas fue diseñada y realizada bajo gobierno del PRI (el que creó el dictador Porfirio Díaz y el mismo que ordenó la matanza de estudiantes en 1968) es decir, un mensaje desde la política oficial de quienes originariamente dieron entrada al Positivismo en México y lo convirtieron en instrumento para fundamentar su régimen dictatorial: “Orden y Progreso”.
Monolito que recuerda esa matanza: aun no revisada, aun sin reconocer cantidad real de muertos ni destino de los salvados (sólo documento de Elena Poniatovska que tampoco se reeditó y es inhallable en México).
Exponente de barroco indígena. Otra visión de ¿las tres culturas?... ver foto al inicio
Por esto la pregunta sobre qué es realmente un patrimonio. Quién le otorga ese lugar y sobre todo, ¿podemos estudiar y analizar distintas muestras patrimoniales como postales para admirar o tendremos que hacernos preguntas para comprender en toda su dimensión qué representa realmente esa obra que nos llega a través del tiempo?.
Como dice Bertolt Brecht en su poema “Preguntas de un obrero que lee”
¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros están los nombres de los reyes.
¿Los reyes arrastraban los bloques de piedra?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿quién la reconstruyó una y otra vez?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los que las levantaron?
La tarde en que se dio por terminada la gran muralla china
¿adónde fueron los albañiles?
La imponente Roma está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los edificó?
¿Sobre quiénes triunfaron los césares?
Los habitantes de Bizancio, cantada en mil alabanzas, ¿vivían todos en palacios?
Si aun en la legendaria Atlantis, la noche en la que la tragó el mar
los que se ahogaban aullaban reclamando sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos. ¿Ni siquiera llevaba un cocinero consigo?
Felipe de España lloró cuando se hundió su armada.
¿Nadie más lloró ese día?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años. ¿Quién venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinaba el festín?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagaba los gastos?
A tantos informes
tantas preguntas.
Bertolt Brecht “80 poemas y canciones”
Adriana Hidalgo editora
3° edición, 2008
Como debemos recordar que esta charla busca incorporar nuevas miradas sobre conceptos que están trabajando en sus carreras, les debo dejar una consigna que nos permita saber si han podido (y si les ha servido) relacionar, complejizar, enriquecer, modificar sus contenidos de estudio pero, personalmente lo que más me alegraría es saber que esto haya servido para que intenten ver con que lentes están leyendo este mundo que nos toca vivir y cómo eso los hace más o menos participantes críticos.
Consigna:
En un power que llegó a mi correo, alguien (no figura ninguna personalización) muestra fotografías de lugares de Buenos Aires donde se han tirado abajo edificios de gran valor arquitectónico para hacer torres, estaciones de servicio o cocheras.
El mensaje final es:
Conservemos nuestra identidad
Respetemos nuestra cultura
Cuidemos nuestro patrimonio
Tomando en cuenta lo expuesto hoy, relacionándolo con lo que hayan abordado en las cátedras y reflexionando sobre su posicionamiento propio al respecto, ¿qué comentario les merece ese mensaje?
No es necesario un texto largo. Pueden ser preguntas, hipótesis, afirmaciones, también alguna cita que les parezca pertinente.
Profesora María Celia Maglione
Nqn, 16 de Mayo de 2008