El artículo escrito por Delia Benegas en la revista Novedades Educativas N° 97, titulado “La teoría de David Ausubel en la dinámica de la clase”, comienza con las siguientes preguntas:
¿cómo hacer para que el alumno no considere al conocimiento como dentro de compartimentos estancos?;
¿cómo lograr que el alumno distinga entre lo importante y lo accesorio?;
¿se puede entender el mundo sin tener experiencias directas?...
Cualquiera de estos interrogantes “nos interroga” ya que, como docentes que fuimos alumnos, hemos aprendido un conocimiento parcelado, a menudo sin contextos que permitan entender su importancia y, mucho menos, reconocerlo como una construcción humana.
La Psicología, a partir de la “apertura de la caja negra” realizada por Jean Piaget, empezó a plantearse qué procesos facilitan un aprendizaje significativo.
Aprender es adquirir nuevos significados. ¿Qué se entiende desde la teoría de Ausubel por “significado”?
Dice Ausubel que el sujeto que aprende, para poder entender, debe poder conectar las nuevas experiencias o conceptos con algo que ya poseía y está instalado en su bagaje experiencial. Debe poder conectar lo nuevo con lo viejo.
¡Nada de andar de bloque en bloque, olvidándose de uno para aprender el otro!
Es justamente lo contrario: sin los viejos andamiajes construidos por el aprendiz durante toda su vida, no pueden significarse los nuevos conocimientos. “Olvidarse” sería equivalente en este ejemplo, a lo que Pichon Riviere llamaría “desinstrumentarse”. Carecer de herramientas para entender el mundo en que vive...¿Para qué conocer si no sirve para eso?.
El alumno debería memorizar sólo cuando el significado ayude a ello.
Para significar o resignificar un contenido es necesario entenderlo,
y para eso el alumno debe poseer una estructura conceptual
donde el nuevo significado pueda insertarse.
Para que se produzca esta condición de entendimiento, Ausubel plantea, claramente, dos condiciones:
1. El material u objeto de aprendizaje que se le presenta al alumno debe ser “potencialmente significativo”. Esto implica que las ideas expresadas en el material puedan ser relacionadas con otras ideas ya entendidas de "una manera sustancial”, es decir, que el alumno no le dé un “significado arbitrario”.
Por eso es tan importante confeccionar el Organizador Avanzado desde una lectura disciplinar rigurosa. Tal vez, la primera acción didáctica importante del equipo para cambiar la práctica.
2. Para encontrar las relaciones de lo nuevo con lo viejo, es el alumno el que tiene que hacer un “esfuerzo cognoscitivo” y romper con el hábito pasivo de tomar lo que “me da” el profesor, al pie de la letra, mecánicamente. Aquí es bueno recordar una frase muy develadora de Alfredo Gadino (maestro uruguayo)- Hay que aprender con memoria, no de memoria-
Lo aquí expuesto plantea desafíos tanto a docentes como a alumnos. El esfuerzo, para que sea válido en la provocación de cambios profundos y substanciales, tendrá que ser solidario. Dice un refrán popular, “cuando uno no quiere dos no pueden” ...
Se precisa hacer explícito un contrato de trabajo didáctico.
Los docentes organizando la materia / disciplina / área o espacio, de tal manera que permita su significación: buena diferenciación de sus elementos, organizados jerárquicamente desde lo más inclusivo a lo más específico (estructura deductiva).
Los alumnos estableciendo relaciones enriquecedoras en vez de permanecer en la comodidad del aprendizaje memorístico mecánico que le hará decir “no sé” o “me olvidé” al empezar cada nuevo año o cuatrimestre de su plan de estudios y, a los docentes “no saben contenidos. No sé qué pasa porque yo los di”...
El olvido sucede cuando el nuevo conocimiento se pierde en la estructura cognoscitiva que lo ha incorporado, no queda suficientemente diferenciado porque las relaciones necesarias no fueron realizadas.
Como se ve, en este tipo de aprendizaje propuesto por Ausubel
nadie es pasivo.
Alumnos y docentes tienen una tarea específica.
El Organizador Avanzado es, sin duda, una técnica sencilla para vehiculizar el aprendizaje significativo.
Consiste en un conjunto de conceptos o ideas que se le presentan al alumno antes del material a ser aprendido.
Es un material introductorio, del mayor nivel de abstracción, generalidad e inclusividad que las tareas siguientes a aprender. Su función es aumentar la capacidad de relacionabilidad de los nuevos conceptos con los anteriores, orientarlo en la adquisición de nuevos significados, en la organización lógica del material y, consecuentemente, en su memorización y aplicación.
Recomendaciones para su utilización en la clase
Jerarquizar las ideas más importantes en un diagrama y explicarlo a los alumnos en el momento inicial de la clase.
Es recomendable que en ese diagrama aparezcan contenidos trabajados en el cuatrimestre anterior (o en el módulo o unidad ya desarrollado) y los propios del conocimiento cotidiano.
Es bueno que ese diagrama esté presente en el aula (habituar a los alumnos a llevarlo como documento de consulta, junto con el programa en su carpeta o cuaderno)a medida que se desarrollan las clases para ubicar permanentemente a los alumnos en el lugar del recorrido en que se está avanzando. Se convierte así en una buena técnica de estudio, porque los alumnos pueden contextualizar adecuadamente el tema y da una base segura para distinguir lo esencial de lo accesorio y saber en qué dirección tienen que hacer el esfuerzo cognoscitivo. También se dan cuenta rápidamente de cuáles son las ideas implícitas y a cuál de ellas corresponden los datos que se van sucediendo en la clase.
Es muy aconsejable que a ese diagrama, docentes y alumnos, vayan haciéndole todas las marcas que crean enriquecedoras para participar activamente de ese recorrido.
Así, al finalizar el cuatrimestre, será el más completo registro del proceso realizado para poder evaluarlo desde la vivencia comprometida y responsable de todos sus participantes.
Profesora María Celia Maglione
martes, 15 de abril de 2008
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